Mudarse al extranjero es emocionante y desconcertante a partes iguales. Uno de los anclajes más sencillos que puedes construir es un café de barrio donde alguien conozca tu pedido.
Ve siempre a la misma hora
La rutina convierte a los desconocidos en caras familiares. Visita el mismo lugar a la misma hora durante dos semanas y verás qué rápido se vuelven cálidos los saludos.
Aprende las palabras pequeñas
Por favor, gracias, el nombre de tu bebida. Unas pocas frases locales, aunque las digas mal pero con sinceridad, abren más puertas que un inglés perfecto.
Dile que sí a la mesa de al lado
La vida de expatriado premia la curiosidad. La maestra jubilada, el instructor de surf, el barista que estudia derecho: tu nueva comunidad suele estar a una conversación de distancia.

