Toda casa necesita un lugar que no te pida nada. No un escritorio ni una mesa de comedor, sino un rincón quieto: una silla, una lámpara, una mesita con exactamente las cosas adecuadas.
Elige objetos con historia
Una taza de cerámica de un viaje, dos buenos libros, un ramo seco. Pocos objetos, bien elegidos, hacen que un rincón parezca un bodegón y no un depósito.
Cuida la luz
Una luz cálida y baja lo cambia todo. Cambia la bombilla del techo por una lámpara a la altura de los ojos, añade una vela y deja que el rincón brille con suavidad.
Úsalo cada día
Diez minutos con un té, una página de un libro o simplemente tus pensamientos. El rincón solo es mágico si lo visitas.

